Mural Casimiro Huenelaf

Mural Casimiro Huenelaf

Lonco Casimiro Huenelaf

 

Casimiro Huenelaf nació el 1 de mayo del 1926 en Cushamen (colonia pastoril aborigen formada luego del genocidio estatal de 1890), Chubut. Estudió la primaria en ese mismo lugar y después, pasado los años, tuvo que irse a trabajar. Aisladas y empobrecidas, las familias mapuches de la colonia se quedaban sin bienes en su propia tierra. Casimiro entró a los 18 años a la Compañía de Tierras del Sud Argentino (estancias de los ingleses, actualmente en propiedad de Benetton) en El Maitén, donde se empleaban la mayoría de los mapuches obligados a emigrar. A sus 20 años salió de la compañía y empezó a trabajar de puestero cuidando ganado en el pueblo de Buenos Aires Chico (Chubut) donde, en ese entonces, también se dedicaba a la agricultura. 


En los campos de Leleque y El Maitén aprendió los más diversos oficios rurales, incluso el de cocinero de la peonada. Luego con los años, ya formado como herrero, decidió instalarse en El Bolsón, formando su familia y su hogar. 


También era acordeonista y permanente animador de fiestas populares con sus melodías inolvidables.
Este hombre -descendiente directo de los aborígenes llegados a la precordillera chubutense a fines del siglo XIX tras las campañas militares dirigidas por Julio A. Roca-  se destacó tanto que fue nombrado Lonco (Jefe de una tribu mapuche), por ser un constante defensor en preservar las raíces del pueblo originario. La lengua mapuche la aprendió de sus ancestros (sus abuelos). Del mismo modo, él dedicó muchas horas a enseñar y multiplicar el número de formadores que puedan transmitir el idioma. 


Sus últimos años de vida los dedicó de lleno a enseñar sus costumbres y el respeto por la naturaleza, dejando su huella. Fue velado en su casa de Barrio Usina, en donde fue despedido por la comunidad que lo respetó y valoró en su militancia.


A sus 83 años de vida, se le diagnosticó cáncer y a los meses falleció. En el momento de su funeral uno de los dirigentes mapuche lo despidió al pie de su tumba diciendo estas últimas palabras: “Casimiro era un agradecido de la vida, siempre contento y dispuesto a transmitir su sabiduría”. Enseguida, sus hermanos pertenecientes al pueblo mapuche arrojaron muday, yerba y hojas de maitén a su última morada. 


En palabras de Celina Huenelaf, una de sus hijas, menciona que “él fue una gran figura tanto para el pueblo como para su familia, un buen hombre que le gustaba hacer el bien y mi ejemplo a seguir. Mi papá fue una persona intachable en el Bolsón, quien en sus últimos años se dedicó a enseñar sus costumbres y el respeto por la naturaleza, él fue alguien que dejó su huella hasta su último adiós”.


El mural pintado a mano (2010) presente en la plazoleta que lleva su nombre, pretende extender esa huella dejada por Casimiro.

 

Lonco Casimiro Huenelaf

 

Casimiro Huenelaf was born on May 1, 1926 in Cushamen (an aboriginal pastoral colony formed after the state genocide of 1890), Chubut. He studied elementary school in that same place and later, after some years, he had to go to work. Isolated and impoverished, the Mapuche families of the colony were left without property on their own land. At the age of 18, Casimiro joined the Compañía de Tierras del Sud Argentino (English ranches, now owned by Benetton) in El Maitén, where most of the Mapuches forced to emigrate were employed. When he was 20 years old, he left the company and began to work as a cattle herder in the town of Buenos Aires Chico (Chubut) where, at that time, he was also engaged in agriculture.


In the fields of Leleque and El Maitén he learned the most diverse rural trades, including that of cook for the peonada. After some years, already trained as a blacksmith, he decided to settle in El Bolsón, where he formed his family and his home. 


He was also an accordion player and a permanent entertainer of popular festivities with his unforgettable melodies.


This man -a direct descendant of the aborigines who arrived in the Chubut foothills at the end of the 19th century after the military campaigns led by Julio A. Roca- stood out so much that he was named Lonco (Chief of a Mapuche tribe), for being a constant advocate in preserving the roots of the original people. He learned the Mapuche language from his ancestors (his grandparents). Likewise, he dedicated many hours to teaching and multiplying the number of trainers who could transmit the language.


He dedicated the last years of his life to teaching his customs and respect for nature, leaving his mark. He was given a wake at his home in Barrio Usina, where he was bid farewell by the community that respected and valued him in his militancy.


When he was 83 years old, he was diagnosed with cancer and died a few months later. At the time of his funeral, one of the Mapuche leaders bade him farewell at the foot of his grave saying these last words: "Casimiro was grateful for life, always happy and ready to pass on his wisdom". Then, his brothers belonging to the Mapuche people threw muday, yerba and maitén leaves to his last resting place. 


In the words of Celina Huenelaf, one of his daughters, she mentions that "he was a great figure both for the town and for his family, a good man who liked to do good and my example to follow. My father was an impeccable person in El Bolsón, who in his last years dedicated himself to teaching his customs and respect for nature, he was someone who left his mark until his last goodbye".


The hand-painted mural (2010) aims to extend the mark left by Casimiro.